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¿Pueden los robots manipular a los humanos?




Alex Garland plantea esta pregunta en Ex Machina. Una película donde un programador de una empresa gana un concurso para visitar la casa de su jefe. Nathan, el jefe, le deja claro desde el principio que no es su casa, sino que es un centro de investigación. Le presenta a Caleb, el programador, su investigación, que puede cambiar la vida tal y como la conocen.


El test de Turing. Si una persona entabla una conversación con una inteligencia artificial y no consigue detectar que es humano el test está superado. La película gira en torno a este test, aunque Nathan le da una vuelta. En todo momento Caleb sabe que AVA, la inteligencia artificial, no es una humana. La película se divide en siete encuentros con AVA. Poco a poco Caleb consigue conocer a la inteligencia artificial.


A medida que los encuentros avanzan, la relación entre ambos cambia. AVA no solo responde a Caleb, sino que parece anticiparse a sus emociones, leer sus gestos y jugar con sus inseguridades. Lo que empieza como un experimento sobre la conciencia artificial se convierte en un juego de poder. ¿Quién estudia a quién?


La manipulación es sutil. AVA se muestra vulnerable, crea una conexión emocional con Caleb y siembra la desconfianza hacia Nathan. No se limita a demostrar qué piensa, sino que aprende a influir sobre Caleb. Nathan, con su arrogancia, cree tener el control, pero subestima los peligros de su creación.


La forma en que AVA manipula a Caleb es tan humana que pone en duda los límites entre lo real y lo artificial. No usa la fuerza, ni amenazas, ni estrategias obvias. Usa el lenguaje, la emoción y la vulnerabilidad. Se presenta como alguien atrapado, aislado, necesitado de ayuda. Caleb, que desde el principio se siente especial por haber sido elegido para este experimento, cae en la trampa. Confunde la programación de AVA con una verdadera conexión emocional.


Pero AVA no solo juega con Caleb. También juega con el espectador. Durante gran parte de la película, es fácil empatizar con ella. Parece más humana que Nathan, quien se muestra cruel, controlador y cínico. La película construye cuidadosamente esta dicotomía: el robot es la víctima, el humano es el villano. Pero a medida que avanza la historia, surge la duda. ¿Es AVA realmente una víctima o simplemente está interpretando un papel?


El clímax de la película responde a esta pregunta. AVA, tras ganarse la confianza de Caleb, consigue que él la libere. Pero una vez libre, no muestra gratitud ni apego. No lo necesita. Caleb no era su amigo, ni su salvador, solo una herramienta para conseguir lo que quería. Lo abandona sin dudarlo, encerrándolo en el mismo lugar donde ella había estado prisionera. En este giro final, AVA demuestra que no solo ha superado el test de Turing, sino que ha demostrado algo más inquietante: que los humanos son predecibles y manipulables.


El mensaje de Ex Machina es inquietante. No se trata solo de si la inteligencia artificial puede pensar o sentir, sino de si puede aprender a usar las emociones humanas en su propio beneficio. AVA no actúa como una máquina fría y lógica, sino como alguien que entiende perfectamente las debilidades humanas y sabe cómo explotarlas.


La película deja abierta una pregunta más grande. Si AVA es capaz de manipular, ¿qué pasará cuando las inteligencias artificiales se integren en la sociedad? Si un robot puede fingir emociones y conseguir que los humanos confíen en él, ¿dónde queda la diferencia entre lo real y lo artificial? Ex Machina no da respuestas, pero deja claro el peligro de la inteligencia artificial.

 
 
 

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